Ma destination rêvée

Posted: lunes, 25 de enero de 2010 by magali in Etiquetas:
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Septs mois auparavent Noelia comptait les minutes avec impatience dans l'avion qui l'amenait à Saint Domingue. Omar l'attendait. Il était venu plusieurs fois se faire opérer des yeux à Cuba, il logeait alors chez elle. Chez elle c'est-à-dire dans la grande maison familiale, certes un peu abandonnée par endroits mais bien vivante, où elle vit depuis qu'elle est née en compagnie de ses parents, de son frère, de sa belle-soeur, de sa nièce et de la propriétaire de la maison : grand tante Irma (soeur de la défunte grand mère) et de la petite dernière, sa fille à elle, la petite Lucía. Il ne manquait plus à Omar qu'à se faire opérer du « troisième oeil » comme aimait plaisanter Noelia... Elle en riait avec sa mère et sa belle-soeur. A chacun de ses séjours, il en profitait pour se faire opérer « A Cuba les soins sont de bonne qualité ». Aussi il ne s'en privait pas. C'est d'ailleurs à l'hôpital qu'ils s'étaient rencontrés, il cherchait un logement pour quelques semaines, Noelia était infirmière dans le service où il était interné. Maintenant, le souhait de Noelia allait se réaliser : Saint Domingue, puis un saut pour réaliser son rêve : Miami.

A Saint Domingue depuis sept mois, elle travaille loin de l'appartement où elle vit avec Omar. Un long trajet en bus matin et soir, deux rues obscures à parcourir avant d'arriver. Au début Omar l'a accompagnée puis elle a fait le trajet seule. Un soir un type l'a suivie, il l'appelle, il siffle, elle se retourne plusieurs fois affolée et finit par se mettre à courir en hurlant comme une possédée. Cela a suffi pour que l'homme arrête de la suivre. Mais sa peur est restée. Elle embauche à 6h dans le quartier des hôtels et rentre tard le soir, vers 21heures. Pas le temps de rentrer manger à la maison ni de se reposer. Elle s'allonge dans le local technique, la responsable le tolère et lui enlève quelques pesos sur son salaire pour cela. Elle n'est pas seule, Marie-France une Haïtienne de 28 ans partage la même sieste. C'est là qu'elles engloutissent aussi leur repas froid. Elles ont échangé les photos de leurs filles, Lucía et la petite Marianne qui vit sagement à Port-au-Prince en attendant sa maman. Les deux femmes se sont rapprochées, elles partagent le même sort et le même rêve d'une vie meilleure. Noelia ne partage plus guère de conversations avec Omar, elle est fatiguée, trop fatiguée pour parler. Elle se rend compte aussi que leur sujet préféré pendant tout ce temps de fiançailles était Saint Domingue, parler de Saint Domingue, rêver de Saint Domingue...
Et puis un soir, sans savoir pourquoi, fatiguée par toutes ces heures à l'hôtel, elle s'est mise à lui parler de Cuba dans l'obscurité de la chambre. Elle a commencé à évoquer une anecdote, puis une autre, puis d'autres et d'autres encore. Maintenant chaque soir ils parlent de Cuba. Dans le local technique elle fait pareil, elle raconte et se remémore une à une les voix des membres de sa famille, elle termine par celle de sa fille, la petite Lucía. Chaque samedi, elle descend à la cabine sur le bout de l'avenue. Elle commence par parler à Lucía, la laisse parler un long moment puis demande à parler à sa mère et elle raccroche toujours un peu frustrée. Trop cher, à samedi ! Ensuite elle reprend sa marche jusqu'en ville et elle retrouve Marie-France, comme chaque samedi elles entrent dans la même agence de voyages et vérifient le prix des billets pour Miami puis elles imaginent le futur en léchant les vitrines du centre ville. Marie-France va repartir en Haïti aussitôt qu'elle aura l'argent pour finir de payer l'appartement de Port-au-Prince qu'elle partage elle aussi avec sa jeune soeur et sa mère.

11 janvier 2010

Aujourd'hui Noelia et Marie-France se sont quittées. En ce début d'année l'une prendra un car pour Port-au-Prince où elle pourra faire de son rêve une réalité, tandis que l'autre s'installe dans l'avion qui la ramène à La Havane. Noelia compte les minutes avec impatience, enfin ! Chez moi ! Qui l'aurait dit il y a seulement sept mois ? Comment expliquer que quand elle s'est assise face à l'employée de l'agence de voyage et qu'elle a dit qu'elle voulait un billet, elle était persuadée que l'autre savait, ne venait-elle pas ici chaque samedi ? Mais l'employée lui a demandé pour où ? Alors elle s'est entendue répondre étonnée.


El apartamento

Posted: miércoles, 20 de enero de 2010 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
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Hay ciertos episodios de tu vida que acaban grabándosete en la memoria. Uno de esos episodios es el que se refiere a mi llegada a Francia. Incluso cuando uno está internado en una residencia para ancianos, con un tubo metido en la nariz y otro en el trasero, y con el cerebro tan trastornado por el Alzheimer, por algún motivo perverso todavía puedo acordarme del primer apartamento. Vivir para creer...


El edificio se llamaba El valle de Plata, no me pregunten por qué; en los tres años que viví allí no vi nada que se pareciera al dinero, ni remotamente a la plata, a no ser que se tenga en cuenta la pintura plateada que bañaba la fachada, en la cual se destacaban enormes tags que eran caldo de cultivo para la imaginación de los jóvenes.
El valle de Plata ya tenía unos cuantos años. Había sido construido una década antes de que yo naciera, en la época de la emigración de los pies negros (pieds noirs). No cabe duda de que el complejo, con aquella fachada, había sido concebido en un principio para alojar a la oleada de franceses que empezaron a llegar al país. Para cuando yo me trasladé allí, en el otoño del 2006, la única ventaja que ofrecía el edificio era su proximidad al centro de la ciudad. Se encontraba a sólo diez minutos.
Mis únicas pertenencias eran una caja de cartón llena de libros, un colchón (sin muelles), una máquina de afeitar, un despertador digital y una pequeña maleta con tres mudas de ropas, de modo que la mudanza, no constituyó una tarea de titán. Poco podía imaginarme lo que me aguardaba en aquel lugar.
Para empezar me encontré con las huellas del anterior inquilino, que se había marchado hacía un mes, había dejado media docena de huevos en el frigo. El baño con su función principal, pero a la inversa y todo lo demás. La limpieza del apartamento fue algo irrepetible. Cuando acabé la cocina, bajé al supermercado de la esquina para comprar y preparar mi primera comida en mi nuevo apartamento. A falta de platos tuve una extraña sensación de déjà vu cuando me serví la comida en el plato del gato del vecino, que estaba afuera.

Sentado en el suelo del salón y con la espalda apoyada contra la pared, sonreí con satisfacción al escuchar la música del vecino (reggae puro) sonando a un volumen lo suficientemente alto como para que aparecieran nuevas grietas en las ruinosas paredes del salón… ¡Que apartamento más alucinante!

— ¿Quién te ha dicho que podías fumar dentro del apartamento, cojones?

La voz sonó tan alta y tan cerca que pensé que había alguien más en la habitación.

— ¡Pero mírate estabas dormido, cojones!

— ¿qué fana estás diciendo? ¡Estaba escuchando la música!

— ¡música ni mierda! ¿Cómo vas a estar escuchando esa mierda con los ojos cerrados?

— ¡No me digas, ahora la música entra por los ojos, mira déjame tranquilo puta de mierda!

Para entonces ya me había dado cuenta de que estaba solo en mi apartamento. Las voces procedían del apartamento vecino. Eran una pareja mixta, como le dicen aquí, el muchacho negro estaba borracho. Aunque la música estaba a un volumen bastante alto, yo podía soportarlo, porque era algo a lo que me había acostumbrado en mi país. Y oír gritar a la gente a pleno pulmón, era normal.

— ¡No vuelvas a llamarme así, te lo tengo advertido!

— ¡Te lo diré mil veces, si no me dejas en paz!

— ¡Apaga la mariguana esa y vete pal carajo de una vez!

— ¡vete tú, puta de mierda, blanca sucia!

Fui hasta la puerta de mi apartamento, la abrí y me asomé al pasillo. Para mi sorpresa, no había ningún vecino a la vista. ¿Cómo era posible que nadie oyera lo que estaba sucediendo en el apartamento?

— ¡Te dije que para la próxima te mataría maricón de mierda!

De pronto se oyó un golpe contra la pared. Luego se oyó otro. Y otro más. Cosas que se rompían, cristales, dejó de sonar la música. Abrí de nuevo la puerta y me dirigí al pasillo. Al cabo de unos segundos un vecino se asomó y me miró.

—Se lo advierto, ni llame a la policía que no van a venir. Y si lo hacen será después de que termine todo.

Apestaba a perfume barato, fritanga y vino de tal manera que pude olerle a dos metros de distancia. Era pelirrojo pero el cabello se le había aclarado hasta quedársele de un desagradable tono zanahoria; lo llevaba peinado al estilo de los viejos homosexuales. Vi que tenía un moratón debajo del ojo izquierdo. Estaba enfrente del representante de la junta del edificio.

— ¿Qué quiere decir?

—Lo que quiero decir es que eso es normal en este edificio. Hágame caso, sé de qué estoy hablando.

Como ven siempre los recuerdos te llegan en los momentos menos esperados. ¿A veces me pregunto cómo es posible que dos personas que se odian a muerte aguanten tanto tiempo bajo el mismo techo? Aquello no le entra a nadie en la cabeza. Era como imaginarme a los compañeros de la residencia haciendo el amor con las enfermeras.

Para el último mes en mi apartamento, me enteré que el presidente de la junta estuvo a punto de incendiar el edificio. Cuando llegué a casa me encontré un par de carros de bomberos estacionados delante del edificio.
Antes de que acabara el mes ya había una pareja de ancianos jubilados viviendo en la vivienda de la pareja mixta y el incendiario estaba preso. Los viejos eran un verdadero encanto, estaban muy unidos y eran absolutamente abstemios. Lo malo era que tenían un perro salchicha llamado Frida que ladraba a todas horas y hacía sus necesidades en la puerta de mi apartamento.

Aunque estoy rodeado de ancianos como yo, siempre me cuido. Siempre duermo con un cuchillo bajo la almohada, no tomo alcohol, ni fumo. Gracias a mi enfermedad no puedo acordarme de todo el mundo, así que no tengo que darle las gracias a nadie que me quiera coger por tonto para hacerme firmar otro contrato de tres años como él de El valle de Plata. Y si no me creen se lo pueden preguntar a los vecinos del edificio.


Génération débrouille

Posted: domingo, 17 de enero de 2010 by magali in Etiquetas:
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Cette semaine non plus, l'eau n'est pas arrivée. Rosa part au travail, elle laisse le robinet de la citerne ouvert, sait-on jamais... Et si l'eau arrivait alors qu'elle était au travail ? Deux heures du matin Rosa dort à poings fermés lorsqu'un bruit familier, un gouttellement enchanteur la réveille. L'eau s'est déversée de la citerne pleine à la deuxième citerne puis de la deuxième citerne au mur du patio intérieur, puis du mur au sol de l'appartement par la fenêtre intérieure, puis du sol de l'appartement au couloir de l'immeuble et successivement à tous les étages. Rosa se lève, patauge prudemment dans la flaque immense, atteint le robinet et le ferme enfin. Elle ouvre la porte du palier et crie à tue-tête pour les voisins : l'eau est arrivée ! Elle regagne sa chambre, s'essuie les pieds avant de se remettre au lit. Elle se rendort bercée par le clapotement des citernes des voisins qui déversent elles-aussi leur trop plein le long de la façade de la cour intérieure de l'immeuble.

Ce matin Rosa va partir au travail, elle laisse le gas allumé. Depuis hier elle cherche des allumettes ou un briquet. Ce matin elle vient de griller la dernière, comment faire ? Sans allumette pas de réchaud et sans réchaud pas de repas chaud et sans repas chaud pas possible. Elle baisse le bouton du gas au maximum puis quitte son appartement.
Elle se réjouit de ce que la citerne soit encore bien pleine, ce soir c'est sûr elle aura douche et repas chaud.

Le salut d'Alcofribas Nasier

Posted: domingo, 10 de enero de 2010 by magali in Etiquetas:
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Depuis trois jours que le colloque avait commencé, le professeur Juan Marques Villanco répondait héroïquement aux questions de ses collègues français, imminents professeurs à l'Université. Rapidement il s'était rendu compte que peu importait son dernier ouvrage, peu importait les voyages qu'il avait faits, le dernier en date l'ayant amené ici. Les collègues étaient obsédés par un seul et unique thème. Les questions n'étaient pas toujours posées de façon très directe : « N'avez-vous pas rencontré de problèmes pour publier votre livre ?» mais la plupart du temps elles l'étaient : « Qu'en est-il de la censure dans votre pays ? » ou encore « Que signifie le passage de pouvoir à Raoul Castro pour la liberté à Cuba ? ».


Le professeur Juan Marques Villanco essayait d'expliquer encore et encore qu'il était un spécialiste en littérature, qu'il avait été invité à ce colloque pour parler de littérature. Oui, publier n'était pas toujours simple, pire encore s'il s'agissait d'un essai sur le 16ème siècle, Rabelais, et il avait cru comprendre qu'ici aussi certaines limites existaient également. Elles étaient semblait-il d'ordre économique, pourtant les grands groupes éditoriaux, comme les grands groupes de presse, selon ce qu'il s'était laissé dire appartenaient à une poignée d'ignorants, plutôt entendus en chiffres et multiplications et très proches du pouvoir en place... Rien n'y faisait. Les collègues semblaient juste vouloir entendre ce dont ils étaient déjà persuadés avant de venir l'écouter. Peu s'aventuraient à parler de son livre, l'avaient-ils lu ? finit par se demander le professeur Juan Marques Villanco. L'avant dernier soir à l'hôtel l'espièglerie cubaine l'emporta sur la raison et il décida dans la bonne humeur de changer sa stratégie, sa réponse serait éloquente, rabelaisienne.

Il avait gardé dans sa valise un exemplaire du Granma distribué dans l'avion qu'il prit soin de ranger dans son cartable, sûr de ne pas l'oublier demain matin lors de son départ pour la dernière conférence. Il brancha son ordinateur portable et commença ses recherches : François Rabelais. La connexion était rapide, il fallait le reconnaître, il put se coucher assez tôt.

Le lendemain quelle ne fut pas la surprise des imminents universitaires français quand debout sur l'estrade et non plus assis sagement derrière la table de conférence, le collègue cubain demanda la permission de procéder à une démonstration juste après que la question suivante lui avait été posée : « Pensez-vous que la fin de la censure soit proche à Cuba ? ». Il sortit de son cartable l'exemplaire du Granma qu'il montra à l'assistance en le tenant tendu entre ses deux bras levés puis il le découpa soigneusement comme il avait coutûme de faire, en larges bandes de papier. Il les aligna sur la table de conférence. Il empoigna le micro et commença à réciter : Comment Grandgousier cogneut l'esprit merveilleux de Gargantua à l'invention d'un torchecul.

J'ay par longue et curieuse experience inventé un moyen de me torcher le cul, le plus seigneurial, le plus excellent, le plus expedient que jamais feut veu.
- Quel ? dict Grandgousier.
Comme vous le raconteray (dit Gargantua) presentement. Tandis que de sa main libre il dégraffait sa ceinture, lachait son pantalon qui tomba sur ses chaussures, se retournait montrant son cul au public, se penchait en avant tout en pliant légèrement les genoux ; il récitait toujours ; maintenant il froissait les bandes comme seuls les cubains savent faire et procédait micro en main : « Mais, concluant, je dys et mantiens qu'il n'y a tel torchecul que d'un oyzon bien duveté, pourveu qu'on luy tienne la teste entre les jambes. Et m'en croyez sus mon honneur. Car vous sentez au trou du cul une volupté mirifique, tant par la doulceur d'iceluy duvet que par la chaleur temperée de l'oizon laquelle facilement est communiquée au boyau culier et autres intestins, jusques à venir à la region du coeur et du cerveau .» à s'en torcher le cul.


La tâche

Posted: miércoles, 6 de enero de 2010 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
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Quizá fue a mediados de enero del presente año cuando levanté la vista y vi por primera vez la mancha en la pared. Acababa de tomar café, levanté la vista y la vi. La mancha era pequeña y redonda, negra sobre el blanco de la pared, situada seis o siete pulgadas más abajo del cartel de la Vida es sueño.

Si aquella mancha era una marca dejada por un clavo, el clavo no pudo ser colocado allí para colgar un cuadro, sino para una escultura, representando a una señora algo gorda. Una falsificación, desde luego. La gente que vivía en esta casa antes que nosotros seguro que escogía obras de arte de segunda mano.
Pero, en lo referente a la mancha, realmente no estoy seguro. A fin de cuentas, no creo que fuera una marca dejada por un clavo; era demasiado grande, demasiado redondeada. Hubiera podido levantarme, pero si me levantaba y la miraba, había diez probabilidades contra una de que no supiera averiguarlo con seguridad; debido a que, cuando piensa una cosa, uno nunca sabe cómo ocurrió.
Pero esa mancha en la pared no es un agujero, ni mucho menos. Puede haber sido causada por una sustancia redonda y negra, como un pequeño pétalo de rosa, resto del pasado verano, ya que mi mujer no es un ama de casa muy esmerada —y, como demostración, basta mirar, por ejemplo, el polvo en la repisa del televisor.
El juguete de viento junto a la ventana golpea muy levemente el vidrio... Quiero pensar tranquilamente, en calma, sin ser interrumpido, sin tenerme que levantarme del sillón: Esa mancha ya la había visto en alguna parte. ¿Sería en un libro de historia ?  Algunas manchas tenían colores rojo y morado, pero esta era más bien morada. ¡Y qué sofocante, mierdero y yo no sé qué, se vuelve el mundo!
No, no, nada está demostrado. Y si ahora me levantara, y comprobara que la marca en la pared fuera realmente la cabeza de un animal, clavada hace doscientos años, que ahora, gracias al desgaste asomó la cabeza por la capa de pintura, y tiene la primera impresión del mundo digitalizado en que vivimos. Debo ponerme de pie y ver por mí mismo qué es realmente esta marca en la pared, ¿un clavo, un pétalo de rosa, una grieta, un animal?
¿Dónde estaba? ¿De qué estaba hablando? ¿El primero de enero? ¿Calderón? ¿teatro? Nada recuerdo. Pienso en mi amigo que tiene razón. Nosotros somos la generación electrónica. La memoria viva del pasado y del presente, la tenemos digitalizada. Digitalizamos las voces, la música, las imágenes. También podemos ver a un hombre que lleva más año muerto, como nuestro José Martí. Por supuesto, podemos hacer hablar a los muertos, ver la miseria, el hambre, las guerras y hasta tener un profesor en la casa y recibir los cursos, mientras te sientas en el sillón y te limpias la nariz…
¡Ah, la mancha en la pared! Era un moco.


Bienvenido compañero

Posted: lunes, 4 de enero de 2010 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
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Llegó a la puerta un carro negro, marca mercedes. Lo único que se podía ver, era al chofer y a la enfermera que sacaban a Rafael Jedive del carro. Se le veía en la cara, el aire evidente de su riqueza. Por otra parte, Rafael Jedive se parecía a una gallina y tenía una forma de mirar un poco insolente que daba ganas de cantarle el himno de la Bayamesa en plena cara. Ese día era para festejar los 50 años de la vida profesional de Rafael Jedive, 50 años dedicados al arte. Yo que nunca me pierdo esos espectáculos estaba frente al museo. El cortejo subió majestuosamente hasta la avenida principal. Cuando el suntuoso carro se acercó, los empleados estratégicamente situados empezaron a aplaudir. Los niños lanzaron flores y los adultos agitaron pequeñas banderas cubanas. Una gran tela fue abierta en la entrada que dijo: “Bienvenido Rafael Mendive. Viva la Revolución Cubana.” En medio de los gritos, los aplausos y los gritos de “cojones”, Rafael se levantó de la silla eléctrica muy emocionado. Con una mano hizo saludos calurosos y con la otra se dio golpes en el pecho, sacó un pañuelo rojo para sonarse la nariz. Rafael recordó las palabras de su médico sobre su presión arterial y la necesidad de evitar alteraciones o disgustos pues se sentó en la silla.


El director del museo subió sobre una silla para leer su discurso de bienvenida. Rafael Jedive no sabía de dónde sacó la paciencia para aguantar. Comenzaron los aplausos que los trabajadores habían ensayado ayer. Se calmó. Quería gritar en medio de la locura de la gente. Miraba al director del museo. Llevaba más de dos meses preparándolo y ahora se encontraba ante una injusticia. Tenía ganas de jalarse el pelo, pero recordó sus problemas de salud, pensó que si ya esperó dos horas tal vez podría esperar unas más.


Por fin llegó su hora. Los aplausos, la alegría, los trabajadores y niños que le lanzaron flores. Qué emoción para él. Por fin podría reparar ese agravio descomunal. Cuatro generaciones se batieron muy duro para honrar ese nombre. Después de vivir la mayor parte de su vida artística en el extranjero la hora había llegado. Lo iba a expresar delante de la multitud. Sí, porque fueron 48 años en el extranjero aguantando la misma indiferencia, los mismos papeles, las mismas reclamaciones. Y ahora se encontraba aquí, para recibir su medalla. Medalla de los 50 años dedicados a no se sabe quién. El no pensaba, ni quería pensar. Era mejor así. Se levantó, cogió el micrófono. Llegó su momento: “Queridos compatriotas, amigos, hermanos, es para mí un honor con perdón de ustedes decirles que hasta cuando cojones van a escribir mi apellido de esa forma, deshonrando mi familia, yo me llamo Rafael Jedive… ” Y allí mismo quedó. Murió en su tierra, después de años reclamando a la burocracia su verdadero apellido. Eso yo lo vi con mis propios ojos. Ahora a la entrada del museo aparece la frase completada, de aquel artista que dedicara su última obra performance para el pueblo: “Gracias a quienes confiaron en mí, esta Revolución sí que es grande. Rafael Mendive”

Les trois Marie

Posted: sábado, 2 de enero de 2010 by magali in Etiquetas:
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La coutume familiale voulait que chaque 31 décembre Dulce María et ses trois filles sortent à minuit et fassent le tour du paté de maison chacune d'entre elles munies d'un sac de voyage ou d'une valise. Le rituel était immuable comme le fait que chacune des filles se partagent une aile de la maison familiale construite en forme de U.


31 décembre 2000, année de Yanel María.

Mariée à Jason depuis 2 ans Yanel occupe l'aile gauche de la maison. La vie lui sourit et pourtant c'est avec ferveur qu'elle entreprend le tour du paté de maison munie d'une grande valise. Elle sait que la firme de Jason lui a permis d'acheter un lecteur DVD, un des premiers dans le quartier. Ce soir il a sorti du coffre de la voiture, privilège de la firme, un carton avec 6 bouteilles de rhum vieux. Il en a donné une aux voisins, qu'ils se taisent et se saoulent en paix ! Elle espère mettre dans sa valise un appareil à air conditionné.

Sa soeur Lenay María l'accompagne munie d'un petit sac de voyage en plastique doré. Montée sur des escarpins à talon aiguille, le corps moulé dans sa robe noire, fendue jusqu'au bas du dos et jusqu'en haut des cuisses Lenay fait claquer ses talons sur les trottoirs du quartier à minuit. Son rêve est couleur Miami. Il brille comme les dollars qu'elle ramasse avec les touristes quand elle fait claquer ses talons sur le Malecón.

Ylena María la troisième soeur n'est pas là ce soir, elle est partie en 1996 invitée par une copine française, journaliste et surtout très lesbienne. Dans le quartier ce n'est un secret pour personne que Ylena préfère les filles, les petites brioches ou « bollitos » c'est son affaire.

31 décembre 2004, année de Ylena María

Premier tour du paté de maisons depuis 6 ans. Elle a troqué le rêve enfoui dans la valise par le rêve qu'elle réalise ce soir au bras de sa mère, entourée de ces deux soeurs : faire ensemble à minuit le tour du paté de maisons. 6 ans qu'elle en rêvait. Elle a acheté pour maman avec qui elle partage l'aile centrale de la maison familiale, un lecteur DVD et un jeu de fauteuils pour le « recibidor ». Son retour est splendide pour ses premières vacances à la maison. La journaliste suit en riant,son appareil photos en place.

Lenay María travaille à domicile dans la photo. Elle participe à des séances très spéciales sur son dessus de lit en faux satin doré. Elle s'entoure de filles ou de garçons, elle s'en fout. Les photos sont vendues sous le manteau à un vieux cubain en exil, plein aux as. Elle encaisse les dollars, fait quelques séances spéciales avec lui. Son rêve est toujours couleur Miami, cette année elle promène un vanity case doré aux lettres D§G en doré-doré sur le dessus.

Yanel María ne boira pas de rhum vieux ce soir, Jason ne rentre plus guère à la maison. Il dort ailleurs comme ce soir. Il a fait installé un appareil à air conditionné dans la chambre du petit. La valise de Yanel pèse lourd ce soir à minuit.

31 décembre 2009 année de Lenay María

Couchée sur son nouveau dessus de lit mordoré dans l'aile droite de la maison familiale, Lenay regarde son dernier film avant d'aller faire le tour du paté de maison à minuit. Elle a acheté un DVD, 92 C.U.C le mois dernier, elle a installé l'air conditionné dans sa chambre qu'elle réserve à l'homme de sa vie. Il travaille pour une société espagnole, il a ses privilèges. Lenay a beaucoup grossi, signe de prospérité, elle arbore ce soir un sac de voyage noir et blanc marque Nike assorti à ses baskets dans lesquelles elles se sent si bien, elle ne rêve plus de Miami.

Yanel María a beaucoup maigri ces deux dernières années, elle travaille, vit seule avec son fils qu'elle élève sans nouvelle de Jason. Son DVD est en panne, elle va chez sa soeur Ylena María pour regarder les films en compagnie de sa mère. A minuit, elle s'empare d'une main ferme de son sac rose en forme de coeur pour faire le tour du quartier en compagnie de Lenay et de sa mère.

Ylena María n'est pas là ce 31 décembre, ses visites sont de plus en plus espacées, sa compagne journaliste voyage énormément et elle l'accompagne. Elle envoie régulièrement l'argent à sa mère qui a fait installé l'air conditionné, a acheté un ordinateur pour les mails et un portable avec une ligne pré-payée. Au premier tournant du paté de maisons les deux soeurs et la mère décident de l'appeler.

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