La casa de Doña Esperanza

Posted: sábado, 27 de febrero de 2010 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
1

Era la casa más grande y solitaria, que jamás había visto. Se situaba en la calle del barrio, es decir en mi cuadra, con su pintura ya vencida por el tiempo, triste y oscura aunque rodeadas de otras casas del mismo estilo. Todo gira alrededor de esta casa en el barrio, siempre hay un más allá de la casa solitaria, o, a tres casas de la casa triste, antes de llegar a la casa solitaria, eso es por la calle de la casa solitaria, y así sucesivamente. Cuando bajo la luz de la lámpara del frente de esta casa solitaria jugamos al dómino, hasta la una de la mañana, los vecinos empezaban a dar sus versiones acerca de la casa solitaria.

¿Por qué tanto misterio alrededor de esta casa?
Me preguntaba yo algunas noches cuando me tocaba la guardia del CDR, donde llegué a ver por las rendijas de la casa unos ojos negros y grandes, cargados de terror. Eran los mismos ojos que pedían silencio, cuando jugábamos dómino. Esa situación de la casa me estaba calcinando el cerebro, por saber el por qué del misterio de la casa solitaria. Así que un día le pregunté a una vieja vecina del barrio.
Ah. La casa solitaria, según dicen vive una tal doña Esperanza, ya con sus ochenta y tantos años. Hace mucho tiempo los padres de doña Esperanza murieron en un accidente, ellos eran personas muy adineradas doña Esperanza era su única hija. Después de ese accidente doña Esperanza abrió en la casa el prostíbulo más famoso de la ciudad. A mi parecer esto del prostíbulo, se pasaba de padres a hijos, así que te podrás imaginar. Ella muy joven modernizó el negocio. La que se armaba allá dentro, con los adelantos de la ciencia y la técnica. Modificó las habitaciones y después empleó todo el personal, muy calificado y profesional. Dicen que tenía una libretica donde anotaba la cantidad de personas que entraba día por día, con nombres y apellidos. Todo marchaba bien hasta que se enamoró de un pretendiente.
Y cómo se llamaba aquel hombre, le pregunté, (pero no me respondió). Fue un amor de novela. El era un hombre elegante, alto, fuerte, interesante, cualquiera hubiera caído en sus manos, yo lo sé. El tenía todo lo que una mujer necesitaba para ser feliz. Pero todo se destruyó cuando el doctor la dejó y desde entonces doña Esperanza cerró el lugar y se encerró en la casa. No sabe cuando llueve, ni cuando sale el sol, ni se imagina lo que ha avanzado el mundo. Nadie la ha vuelto a ver excepto Juanita la de la esquina, que le hace algunas cosas, en la casa y en la tienda, muchas veces traté de preguntarle a Juanita sobre la vida de Esperanza, pero esa tiene candado en la lengua.
Pero y ¿ esta será la verdadera historia de doña Esperanza? Me preguntaba yo, que para las corazonadas soy muy bueno y así fue.
Una tarde cuando nos disponíamos a comenzar nuestro juego de cada noche, la calle comenzó a llenarse de carros, de gente elegante, y todos paraban frente a la casa solitaria, nosotros estábamos boquiabiertos antes tal novedad. Alguien abrió desde afuera una de las puertas del frente de la casa y entraron al jardín. Las personas hacían brindis y nosotros sentados en la acera de enfrente esperando el desenlace. Cuándo la puerta de la casa comenzó a abrirse, todos miraron hacia arriba, doña Esperanza se asomó a la escalera, pero había dulzura en su mirada, vestida de negro, juanita le seguía detrás. Comenzó a bajar la escalera.
Al otro día me enteraba por el periódico, que le ofrecieron a doña Esperanza, es decir, Esperanza Loinaz y Aguirre, el premio de Literatura de la Academia Española. Era una escritora. También me puse al corriente que la vecina fue unos de los protagonistas del Best seller de Esperanza Loinaz. Por supuesto que era la dueña de aquel prostíbulo y que su marido nunca existió porque fue el esposo de Esperanza. Efectivamente fue un amor de novela para nuestra vecina, la lengua de candado.


la libreta

Posted: viernes, 19 de febrero de 2010 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0


El año pasado ya no será como este, por supuesto que todo cambia. Me di cuenta que uno del primer cambio entrado en vigor, fue la nueva libreta de racionamiento. Llegó con menos páginas. De 36 bajó a 20. Mi abuela dice que seguro es una de las enfermedades de adelgazar de la casi cincuentenaria cartilla. Pronóstico, enfermedad incurable, y el enflaquecimiento se relaciona con la cercana novedad de su fallecimiento.

El nuevo pergamino se sometió a la mitad en cuanto a las páginas dedicadas al examen mensual de los productos. Es decir, antes se dedicaba una página a cada mes, y ahora contiene dos meses en igual zona. Dicho de otro modo, antes enero y febrero existían en páginas independientes, y ahora se tropiezan en una sola.
La zona consagrada a dietas médicas se racionaliza en un 50 por ciento. Antes había cuatro páginas, y ahora dos. Esto implica excluir los datos personales de los beneficiarios de las dietas, lo cual limita la vigilancia continua por parte de los bodegueros, ejemplares sagaces a los que no se les va una, y lo que no ven se lo figuran. Ellos tienen un conocimiento del barrio no superado ni por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).
La arcaica libreta era jactanciosa, escandalosa, con mucho ruido y poco movimiento, como la mayoría de nosotros los cubanos. Con una cantidad exagerada de espacios y casillas, ya que para controlar un kilo, o a lo sumo dos de papas mensualmente, son innecesarios diez rectangulillos. Así pues, para un poco de arroz y azúcar, un puñado de sal y frijoles, el buche de aceite que se vende y una "ñinga" de café quincenal, no hacen falta tantas hojas. Yo me atrevería a decir que con un pedazo de cartulina se resolvería el problema con el consiguiente ahorro de papel y tinta.
De todos modos, lo que tenga que ver con la libreta de racionamiento es de suma jerarquía para los cubanos. Porque, si bien es cierto que es poco lo que ofrece, a precios subsidiados, con un poco de invento por aquí y otro por allá, los estómagos se desperezan y se calman los chillidos de las tripas, siempre empecinadas en cantar imprudentes canciones cuando se está en presencia de algún desconocido, con el cual no tenemos suficiente confianza.
Ojalá esta libreta del 2010 dure tanto como su ascendencia, porque como están las cosas, y los numerosos problemas ecológicos, entonces sí que ¡pa’ la pinga todo!

Agua china

Posted: miércoles, 10 de febrero de 2010 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
1

Rafael es un amigo mío que vive en Francia y fue de visita a la provincia oriundo, Santiago de Cuba. Sinceramente lo vi con nuevos aires, empezando por no querer beber agua corriente. Me ha dicho que sólo consumirá la que se vende embotellada en las shoppings con una etiqueta en la que atestigua que es agua mineral. No pude contener la carcajada. Y él creyó que me burlaba de su desarraigo. Pero el motivo de mi risa era otro.

En un mercado en el que los productos más singulares se adulteran, desde el famoso cigarro cubano Habano, el yogur, las langostas, hasta los atributos de los dioses del panteón yoruba, se necesita ser no ya exótico sino abnegado del fidelismo, para confiar en la legitimidad del agua mineral embotellada.
Mucho más cuando hasta el gato sabe que esto de dar gato por liebre constituye aquí una tendencia tan vieja como las mismas shoppings.
Al escucharme, me explicó que no sería un misterio para él eso que acabo de decir, pero que él viene de un mundo donde también la legitimidad tiene su precio. Por ejemplo, y me dice: “el mundo de hoy tiene sus vicios y sus cualidades; la cualidad principal es que todavía no nos toca hablar chino y sus vicios son que nada funciona: la llave del baño tiene fuga; el lavabo se tupe; la mesa nueva es coja, la silla también, la gaveta no se abre, pero cuando la abres no se cierra; la lámpara se enciende y se apaga, la tinta no es tinta, la pluma está oxidada; el sobre de la carta no se pega; hay piedrecitas dentro de la pasta dental, las cuchillas de afeitar no cortan, las manillas de las puertas se quedan en la mano; al cepillo se le caen los pelos; el jabón huele mal; los botones son o demasiado grandes o demasiado pequeños; le faltan páginas a tu libro; las mangas están demasiado cortas; el pantalón es muy largo, la cintura estrecha; los mangos de las ollas giran; los cuchillos cortan al revés; el hueco de la aguja de coser está cerrado; el hilo se rompe; la fosforera no enciende. Todo eso para decirte que la danza china es lenta y hermosa y su Kung fu es de primera calidad, así que una botella de agua Ciego Montero, que no tenga minerales no me asusta”
En medio de este panorama se comprenderá que sustituir el agua mineral embotellada por agua de la pila o de algún tanque gusarapiento, resulta tan fácil como beberla. Agua por agua, da igual, dirán los falseadores. Lo único que las diferencia son las consecuencias de su ingestión, dirá mi amigo.

Eros y Thanatos

Posted: viernes, 5 de febrero de 2010 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
1

Francia (01 de febrero 2010)

Quítate la ropa y deja el ajustador que me gusta quitártelo con los dientes. Después te acuestas al lado mío. ¿Qué tú dices? Que tienes la regla. Eso no es nada mamacita, yo soy un vampiro. Ven acá a mi lado. ¿Qué tú haces? ¡Tú eres loca! Deja eso, no lo hagas, no, ¡nooo! ay cojones, llama un médico rápido, ay mi madre como duele, que me has hecho. Laure mira a Eduardo. Abre la ventana y bota los testículos a la calle.

(10 días después)
Bienvenidos al purgatorio. José se encontraba sentado en el piso del apartamento. La habitación tenía un aspecto de mala muerte. Olía a humedad, sarro y mierda. Las paredes estaban llenas de gusanos, grasa y moho. Una extraña mancha llevaba más de una semana en el piso. Ya formaba parte del decorado. El no había escogido ese hueco de mierda. Su vida se le desplomó. Todo era mentira. Era ella y no yo, se repetía encogido de hombro. Todo era mentira. Se encontraba con un vaso de cianuro, decidido a terminar con la vida.

Cuba (meses antes)
Ese día Francisco llega a la calle Enramadas, sin pasajeros, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Por fin encontró el amor de su vida. Hace ya dos semanas que están juntos y todo fue una casualidad. Ella trabaja en un tienda shopping del centro de la ciudad. Una tarde le llega una nota a su bolso donde estaba escrito: Te espero donde siempre, a las cinco de la tarde. Te amo. Era seguro un papel dirigido a una de sus compañeras de trabajo, pero el azar de la vida lo llevó allá. Esa tarde salía apurada de su trabajo pues tenía que despedir a un amigo que se iba para el extranjero. Salió a la calle y estiró el brazo: oye motorista, hasta la avenida Martí que estoy apurada. Cuando llegó, sacó el dinero y se lo dio sin darse cuenta de la nota. Francisco leyó la nota y fue amor a primera vista. A partir de ese día están juntos. Francisco tiempo después dejó escapar la nota bajando la calle Enramadas con su sonrisa de oreja a oreja. La nota se pegó en el zapato de un turista que iba con su grupo en dirección al aeropuerto. Cogieron un taxi. El vuelo estaba destinado para Madrid. Aquel cubano de 70 años, vivía en España hace más de cinco años.



España (31 de enero 2010)
Jubilado, había vivido la mitad de su vida en Francia. Tenía dos hijos. Eduardo su hijo mayor lo recogió en el aeropuerto, para llevarlo. Cuéntame viejo, ¿cómo encontraste aquello? ¿ Las mulatas se mantienen? Y a Fidel, ¿lo viste?
Después de un rato de conversación, llegaron a su destino. Eduardo tenía que salir ese mismo día para Montpellier, cuestiones de trabajo, le dijo al viejo. Pero no se atrevió a decirle que era más por los celos de Laure, que otra cosa. Rumbo a Francia Eduardo no se imaginaba tener aquella nota en el zapato.

Francia (01 de febrero 2010)
Al otro día en la mañana, Laure con su poco conocimiento del español, logró descifrar la cita que tenía entre las manos. Putain! Quel salop! Lo sabía, yo lo sabía que el hijo de puta este me engañaba, por algo es cubano. Pero este va a ser su último engaño. Botó el papel por la ventana, cogió una pequeña tijera de coser y se dirigió al cuarto donde Eduardo la esperaba con ganas.

Bienvenidos al purgatorio. Tres días después una enorme discusión se armó con los vecinos de abajo. La mujer leyó la nota detenidamente. Tantos años de vida en común y ya empezaron los engaños, se dijo. La discusión fue fatal y violenta. José no aguantaba a esa falsa. Tú lo que quieres es irte con otro y me estás inventando esa mierda. Después de tantos años tú eres la traidora, la que me engañaste o piensas que no lo sabía. Lo tuve aguantando durante todo este tiempo, pero se acabó. José la cogió por el cuello y la estranguló. Una semana más tarde José miraba el cuerpo de su mujer en descomposición. Cogió el vaso y se tomó el veneno.

El apartamento

Posted: miércoles, 20 de enero de 2010 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
1




Hay ciertos episodios de tu vida que acaban grabándosete en la memoria. Uno de esos episodios es el que se refiere a mi llegada a Francia. Incluso cuando uno está internado en una residencia para ancianos, con un tubo metido en la nariz y otro en el trasero, y con el cerebro tan trastornado por el Alzheimer, por algún motivo perverso todavía puedo acordarme del primer apartamento. Vivir para creer...


El edificio se llamaba El valle de Plata, no me pregunten por qué; en los tres años que viví allí no vi nada que se pareciera al dinero, ni remotamente a la plata, a no ser que se tenga en cuenta la pintura plateada que bañaba la fachada, en la cual se destacaban enormes tags que eran caldo de cultivo para la imaginación de los jóvenes.
El valle de Plata ya tenía unos cuantos años. Había sido construido una década antes de que yo naciera, en la época de la emigración de los pies negros (pieds noirs). No cabe duda de que el complejo, con aquella fachada, había sido concebido en un principio para alojar a la oleada de franceses que empezaron a llegar al país. Para cuando yo me trasladé allí, en el otoño del 2006, la única ventaja que ofrecía el edificio era su proximidad al centro de la ciudad. Se encontraba a sólo diez minutos.
Mis únicas pertenencias eran una caja de cartón llena de libros, un colchón (sin muelles), una máquina de afeitar, un despertador digital y una pequeña maleta con tres mudas de ropas, de modo que la mudanza, no constituyó una tarea de titán. Poco podía imaginarme lo que me aguardaba en aquel lugar.
Para empezar me encontré con las huellas del anterior inquilino, que se había marchado hacía un mes, había dejado media docena de huevos en el frigo. El baño con su función principal, pero a la inversa y todo lo demás. La limpieza del apartamento fue algo irrepetible. Cuando acabé la cocina, bajé al supermercado de la esquina para comprar y preparar mi primera comida en mi nuevo apartamento. A falta de platos tuve una extraña sensación de déjà vu cuando me serví la comida en el plato del gato del vecino, que estaba afuera.

Sentado en el suelo del salón y con la espalda apoyada contra la pared, sonreí con satisfacción al escuchar la música del vecino (reggae puro) sonando a un volumen lo suficientemente alto como para que aparecieran nuevas grietas en las ruinosas paredes del salón… ¡Que apartamento más alucinante!

— ¿Quién te ha dicho que podías fumar dentro del apartamento, cojones?

La voz sonó tan alta y tan cerca que pensé que había alguien más en la habitación.

— ¡Pero mírate estabas dormido, cojones!

— ¿qué fana estás diciendo? ¡Estaba escuchando la música!

— ¡música ni mierda! ¿Cómo vas a estar escuchando esa mierda con los ojos cerrados?

— ¡No me digas, ahora la música entra por los ojos, mira déjame tranquilo puta de mierda!

Para entonces ya me había dado cuenta de que estaba solo en mi apartamento. Las voces procedían del apartamento vecino. Eran una pareja mixta, como le dicen aquí, el muchacho negro estaba borracho. Aunque la música estaba a un volumen bastante alto, yo podía soportarlo, porque era algo a lo que me había acostumbrado en mi país. Y oír gritar a la gente a pleno pulmón, era normal.

— ¡No vuelvas a llamarme así, te lo tengo advertido!

— ¡Te lo diré mil veces, si no me dejas en paz!

— ¡Apaga la mariguana esa y vete pal carajo de una vez!

— ¡vete tú, puta de mierda, blanca sucia!

Fui hasta la puerta de mi apartamento, la abrí y me asomé al pasillo. Para mi sorpresa, no había ningún vecino a la vista. ¿Cómo era posible que nadie oyera lo que estaba sucediendo en el apartamento?

— ¡Te dije que para la próxima te mataría maricón de mierda!

De pronto se oyó un golpe contra la pared. Luego se oyó otro. Y otro más. Cosas que se rompían, cristales, dejó de sonar la música. Abrí de nuevo la puerta y me dirigí al pasillo. Al cabo de unos segundos un vecino se asomó y me miró.

—Se lo advierto, ni llame a la policía que no van a venir. Y si lo hacen será después de que termine todo.

Apestaba a perfume barato, fritanga y vino de tal manera que pude olerle a dos metros de distancia. Era pelirrojo pero el cabello se le había aclarado hasta quedársele de un desagradable tono zanahoria; lo llevaba peinado al estilo de los viejos homosexuales. Vi que tenía un moratón debajo del ojo izquierdo. Estaba enfrente del representante de la junta del edificio.

— ¿Qué quiere decir?

—Lo que quiero decir es que eso es normal en este edificio. Hágame caso, sé de qué estoy hablando.

Como ven siempre los recuerdos te llegan en los momentos menos esperados. ¿A veces me pregunto cómo es posible que dos personas que se odian a muerte aguanten tanto tiempo bajo el mismo techo? Aquello no le entra a nadie en la cabeza. Era como imaginarme a los compañeros de la residencia haciendo el amor con las enfermeras.

Para el último mes en mi apartamento, me enteré que el presidente de la junta estuvo a punto de incendiar el edificio. Cuando llegué a casa me encontré un par de carros de bomberos estacionados delante del edificio.
Antes de que acabara el mes ya había una pareja de ancianos jubilados viviendo en la vivienda de la pareja mixta y el incendiario estaba preso. Los viejos eran un verdadero encanto, estaban muy unidos y eran absolutamente abstemios. Lo malo era que tenían un perro salchicha llamado Frida que ladraba a todas horas y hacía sus necesidades en la puerta de mi apartamento.

Aunque estoy rodeado de ancianos como yo, siempre me cuido. Siempre duermo con un cuchillo bajo la almohada, no tomo alcohol, ni fumo. Gracias a mi enfermedad no puedo acordarme de todo el mundo, así que no tengo que darle las gracias a nadie que me quiera coger por tonto para hacerme firmar otro contrato de tres años como él de El valle de Plata. Y si no me creen se lo pueden preguntar a los vecinos del edificio.


La tâche

Posted: miércoles, 6 de enero de 2010 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0




Quizá fue a mediados de enero del presente año cuando levanté la vista y vi por primera vez la mancha en la pared. Acababa de tomar café, levanté la vista y la vi. La mancha era pequeña y redonda, negra sobre el blanco de la pared, situada seis o siete pulgadas más abajo del cartel de la Vida es sueño.

Si aquella mancha era una marca dejada por un clavo, el clavo no pudo ser colocado allí para colgar un cuadro, sino para una escultura, representando a una señora algo gorda. Una falsificación, desde luego. La gente que vivía en esta casa antes que nosotros seguro que escogía obras de arte de segunda mano.
Pero, en lo referente a la mancha, realmente no estoy seguro. A fin de cuentas, no creo que fuera una marca dejada por un clavo; era demasiado grande, demasiado redondeada. Hubiera podido levantarme, pero si me levantaba y la miraba, había diez probabilidades contra una de que no supiera averiguarlo con seguridad; debido a que, cuando piensa una cosa, uno nunca sabe cómo ocurrió.
Pero esa mancha en la pared no es un agujero, ni mucho menos. Puede haber sido causada por una sustancia redonda y negra, como un pequeño pétalo de rosa, resto del pasado verano, ya que mi mujer no es un ama de casa muy esmerada —y, como demostración, basta mirar, por ejemplo, el polvo en la repisa del televisor.
El juguete de viento junto a la ventana golpea muy levemente el vidrio... Quiero pensar tranquilamente, en calma, sin ser interrumpido, sin tenerme que levantarme del sillón: Esa mancha ya la había visto en alguna parte. ¿Sería en un libro de historia ?  Algunas manchas tenían colores rojo y morado, pero esta era más bien morada. ¡Y qué sofocante, mierdero y yo no sé qué, se vuelve el mundo!
No, no, nada está demostrado. Y si ahora me levantara, y comprobara que la marca en la pared fuera realmente la cabeza de un animal, clavada hace doscientos años, que ahora, gracias al desgaste asomó la cabeza por la capa de pintura, y tiene la primera impresión del mundo digitalizado en que vivimos. Debo ponerme de pie y ver por mí mismo qué es realmente esta marca en la pared, ¿un clavo, un pétalo de rosa, una grieta, un animal?
¿Dónde estaba? ¿De qué estaba hablando? ¿El primero de enero? ¿Calderón? ¿teatro? Nada recuerdo. Pienso en mi amigo que tiene razón. Nosotros somos la generación electrónica. La memoria viva del pasado y del presente, la tenemos digitalizada. Digitalizamos las voces, la música, las imágenes. También podemos ver a un hombre que lleva más año muerto, como nuestro José Martí. Por supuesto, podemos hacer hablar a los muertos, ver la miseria, el hambre, las guerras y hasta tener un profesor en la casa y recibir los cursos, mientras te sientas en el sillón y te limpias la nariz…
¡Ah, la mancha en la pared! Era un moco.


Bienvenido compañero

Posted: lunes, 4 de enero de 2010 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0

Llegó a la puerta un carro negro, marca mercedes. Lo único que se podía ver, era al chofer y a la enfermera que sacaban a Rafael Jedive del carro. Se le veía en la cara, el aire evidente de su riqueza. Por otra parte, Rafael Jedive se parecía a una gallina y tenía una forma de mirar un poco insolente que daba ganas de cantarle el himno de la Bayamesa en plena cara. Ese día era para festejar los 50 años de la vida profesional de Rafael Jedive, 50 años dedicados al arte. Yo que nunca me pierdo esos espectáculos estaba frente al museo. El cortejo subió majestuosamente hasta la avenida principal. Cuando el suntuoso carro se acercó, los empleados estratégicamente situados empezaron a aplaudir. Los niños lanzaron flores y los adultos agitaron pequeñas banderas cubanas. Una gran tela fue abierta en la entrada que dijo: “Bienvenido Rafael Mendive. Viva la Revolución Cubana.” En medio de los gritos, los aplausos y los gritos de “cojones”, Rafael se levantó de la silla eléctrica muy emocionado. Con una mano hizo saludos calurosos y con la otra se dio golpes en el pecho, sacó un pañuelo rojo para sonarse la nariz. Rafael recordó las palabras de su médico sobre su presión arterial y la necesidad de evitar alteraciones o disgustos pues se sentó en la silla.


El director del museo subió sobre una silla para leer su discurso de bienvenida. Rafael Jedive no sabía de dónde sacó la paciencia para aguantar. Comenzaron los aplausos que los trabajadores habían ensayado ayer. Se calmó. Quería gritar en medio de la locura de la gente. Miraba al director del museo. Llevaba más de dos meses preparándolo y ahora se encontraba ante una injusticia. Tenía ganas de jalarse el pelo, pero recordó sus problemas de salud, pensó que si ya esperó dos horas tal vez podría esperar unas más.


Por fin llegó su hora. Los aplausos, la alegría, los trabajadores y niños que le lanzaron flores. Qué emoción para él. Por fin podría reparar ese agravio descomunal. Cuatro generaciones se batieron muy duro para honrar ese nombre. Después de vivir la mayor parte de su vida artística en el extranjero la hora había llegado. Lo iba a expresar delante de la multitud. Sí, porque fueron 48 años en el extranjero aguantando la misma indiferencia, los mismos papeles, las mismas reclamaciones. Y ahora se encontraba aquí, para recibir su medalla. Medalla de los 50 años dedicados a no se sabe quién. El no pensaba, ni quería pensar. Era mejor así. Se levantó, cogió el micrófono. Llegó su momento: “Queridos compatriotas, amigos, hermanos, es para mí un honor con perdón de ustedes decirles que hasta cuando cojones van a escribir mi apellido de esa forma, deshonrando mi familia, yo me llamo Rafael Jedive… ” Y allí mismo quedó. Murió en su tierra, después de años reclamando a la burocracia su verdadero apellido. Eso yo lo vi con mis propios ojos. Ahora a la entrada del museo aparece la frase completada, de aquel artista que dedicara su última obra performance para el pueblo: “Gracias a quienes confiaron en mí, esta Revolución sí que es grande. Rafael Mendive”

A solo diez centímetros

Posted: martes, 15 de diciembre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0

La noche se hace más oscura. Puede ser que esa oscuridad de hoy no sea tan mala como la de ayer, se dice ella. Su cabellera rubia, que se confundía con el amarillo de los naranjales en su natal Ciego de Ávila, se sale por la ventanilla del taxi, cuando asoma la cabeza para indicar un bache gigantesco que amenaza tragarse al carro.
Solo diez centímetros, se repite parada en la esquina del Parque. A la derecha el Gran Hotel lleno de peces que la miran. Los peces, así les llaman todas ellas a los turistas y cuando los pescan les dicen pescado por supuesto. Peces esperando su carnada y viceversa. A solo dos metros, una experimentada que inicia a sus colegas. “Regla número uno, acostarse con alemanes, checos, búlgaros, españoles, franceses, chilenos, chinos, ingleses y hasta coreanos -del Sur, por supuesto. Pero, prohibido acostarse con nacionales, porque sus esposos lo van a considerar como un acto de adulterio”.
Empieza su recorrido habitual. El tun tun de sus caderas deja miradas al paso: esa minifalda que ella se pone le marca hasta el intestino, y la blusa transparente como sus mismas intenciones, se le pega al cuerpo y la hace sudar. Lleva unas sandalias cruzadas hasta las rodillas, las manos llenas de anillos, cada uno de una persona diferente, de una promesa distinta. No será una obra de arte colonia, pero su color café resalta en la esquina de la iglesia neoclásica.
Son las once. Ella se para en la esquina del parque. “Menos mal que no estamos en Europa, sino el frío me mataría”, mira a una banda de jóvenes que piensan acabar con el ron de Santiago. “Y por qué seguir en esto, se dice, porque no hay pescado que llevar a la mesa en una tierra rodeada de mar, no hay azúcar en un país sembrado de cañaverales, ni frutas en un paraíso tropical", se responde las mismas palabras de auto estimulación. Pero no dice, porque está loca por sentenciar a un pescado que le asegure los zapatos blancos de tacón que acaba de ver en la tienda de la Catedral. A veces aún sin un kilo arriba entra a las tiendas a oler lo que un día comprará, como cualquier española o francesa o italiana. La muy inconsciente piensa que afuera el dinero cae del cielo. Sueña con los perfumes de Gucci, Armani, con ponerse ropas de alta costura y con pasearse como una actriz desubicada, pero orgullosa de su última película.
A su izquierda los defensores del orden. La policía. Ella sabe que la miran, pero la dejan hacer por dos cajas de cigarros Marlboro y cinco dólares. A veces no son los Marlboro los que les quitan el deseo. Lo ha podido experimentar y sus amigas también. El sexo. Por suerte los de esta noche son adictos al tabaco.
Solo diez centímetros. Ya son las dos de la mañana ella camina en medio de dos hombres. Uno mayor que ella, al otro no le calcula todavía la edad pero sí el aliento. Es la tercera vez que se detiene a vomitar. A pesar de todo, ella no soporta los besos, se envuelve en halagos que no siente y no para de mentir como una loca... Sí mi amor, eres el único, el mejor hombre que he conocido, como tú nadie, - mientras un dolor en el vientre le da arcadas, pero piensa en los zapatos que se va a comprar, cierra los ojos y actúa interpretando un guión majestuoso.
Ya son las siete de la mañana pasa por el pasillo que la lleva a su casa. Su marido la espera allí. ¿Cuánto? Solo 20 dólares... La mira con el odio de haber perdido a su madre. En medio del pasillo le empieza a quitar la ropa con violencia, le grita, ábrete cojones mientras la cachea y la mantiene firmemente. Está con la minifalda por las rodillas, de un piñazo en el ojo la obliga a agacharse y sigue cacheándola en sus partes más privadas. “Puja cabrona, puja”. A solo diez centímetros está el resto del botín, en su mano. Es una táctica que ella aprendió en el oficio.Y para colmo de males tenía ahora dos dientes flojos y estaba quedándose ciega.

Filosofía tropical

Posted: domingo, 6 de diciembre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0

El proyecto de José no incluía la búsqueda de oro, ni de especies, ni la ruta hacia las Indias Orientales. El siempre buscó la isla de Cuba y un día la encontró. Entonces comprobó que tenía suficientemente dinero para pagarse 100 veces ese viaje y sobre todo vivir en esa hermosa isla. En realidad era una hermosa isla. Todo era bello, dijo, "Esta es la tierra más hermosa que ojos humanos han visto" y lo demás que se vaya para el carajo. Atrás dejaría la contaminación, el estrés, los problemas ecológicos, los locos, la mierda... Acá no tengo palabras para describir tanta belleza. Los árboles, las plantas, las flores de colores, los pájaros, los cocoteros, las frutas, el verrrdorrr.
El primer turista que encontró, fue en la playa. Era Español, pequeño, fuerte y con una barriga que no le permitía verse los pies. Estaba desnudo y mirando para el cielo, acompañado de una mujer de cara de burro, que llevaba a cuesta una jaula con un mono. Había en la isla otros personajes que José conoció poca a poco: un viejo retirado de la ex-KGB, desnudo, colorado y de barba verde ; un nórdico flaco y melancólico, un tipo un poco raro. Dos hombres discutían de beísbol, parecían ingleses y una pareja no dejaba de acariciarse bajo las sombras de los cocoteros, seguro eran franceses.
José cerró los ojos al mirar todo ese mundo y se esforzó por no ver nada. Decidió ir a la montaña. Alrededor había árboles de mangos, palmeras, tamarindos, aguacates, en fin la vida misma. Llegó y plantó la casa de campaña.
En medio de la oscuridad, la humedad, un poco de frío, los mosquitos lo invadían por montones. Eran miles de pequeños vámpiros. Sentía que la vida se le iba. A mitad de la noche tuvo que salir corriendo hacia un lago pantanoso. Después de unos minutos se dio cuenta de que estaba lleno de cocodrilos. Pero un hombre como él no se da por vencido muy fácil. Cuando salió del agua una banda de perros jíbaros lo siguieron. De nuevo tuvo que correr, esta vez en dirección a una cueva. Allí se encontró a un hombre con espejuelos, de mirada dura, recelosa y sobre todo con un poco de todo. El tambien llegó acá en busca del paraíso. Yo también busqué el paraíso, mi filosofía era la misma, yo hago esto, yo hago lo otro, yo me arrodillo, yo rezo para reunir fuerzas y bajar al puerto. El barco que me trajo no viene hasta dentro de 10 años. Cuando el venga no puedo cogerlo: el español que camina la playa con su mujer se va primero y así. Así que tengo que vivir más de 100 años en el paraíso. ¿Usted no me cree?

La metamorfosis

Posted: sábado, 21 de noviembre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0

Fermín trabajaba como portero desde hacía 10 años en el Museo Nacional de Historia de Cuba. A pesar de todo, nunca había puesto un pie dentro del museo. Un día fue convocado a la oficina del director. Historia de promoción, según decía la carta. Ese día atravezó los mil y tantos metros cuadrados del museo.
El espacio estaba ocupado por hombres que jamás habían salido al exterior y Fermín se sintió extraño al ver a sus desconocidos compañeros de trabajo. De hecho tuvo que pagar la entrada pues no lo conocían a él tampoco, aplicando el reglamento al pie de la letra:"Todo objeto animado o inanimado, animales, plantas y hombres, que no pertenezca a la plantilla interior, debe pagar...". Caminando se cruzó con hombres de expresiones glaciales y que parececían ignorar toda idea de simpatía o de humanidad. Más bien la rabia parecía dominarlos. Dos hombres abrieron una puerta y se dirigieron hacia Fermín. Caminaban pegaditos y silenciosos. Fermín sintió un tembleque apoderársele del cuerpo y acto seguido sacó un cigarro, pidió fuego. Ninguno de los dos hombres se detuvo. Fermín siguío caminando asustado. Se dió cuenta de que ninguna de las personas con las que se cruzaba, parecía fijarse en él. Ni siquiera lo miraban. Concentrados en enormes y gigantescas pilas de papeles, no querían, ni parecían querer ocuparse de nadie ni de otra cosa. Fermín se detuvo con el cigarro en la mano y se sentó en una mesa en el medio de la sala. Ya era obvio que nadie lo había notado. Y en realidad, nadie notaba a nadie. Para estar seguro, cogió una carpeta y la ripió en pedazos, pero nadie, nadie lo miró. Ahora sí estaba seguro de que nadie le iba a prestar la menor atención.¨Pues se sentó en una silla. Sentía que había caminado toda la vida. Estaba cansado. Por curiosidad, abrió una de las gavetas de la mesa de trabajo y asombrado se percató de que había miles de hojas de color verde. Era el primer color que veía desde que había entrado al museo. Hojas verdes y vacías. En otra carpeta había una "carta tipo" de interés comercial. Sin destinatario alguno. Empezó a preguntarse si podría copiar la "carta tipo" en las hojas verdes, así tendría color el museo. Miró para los lados y como nadie lo determinaba, empezó a copiar a golpes de máquina de escribir.

Adán y Eva

Posted: jueves, 5 de noviembre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0

Antonio y Reinasofía se preparaban para el invierno. Ese fue el deseo pedido por ambos a San Lázaro, el año pasado en la fiesta. Años de discusiones quedaban atrás con el nuevo cumplido. El calor eterno les era insoportable. Sobre todo, cuando tenían que aguantar durante los 365 días del año, los mismos shores y puloveres. Sin hablar del sol, caliente y torturante del mediodía.
Antonio, sabiendo que le quedaban 6 horas para ver la nieve, empezó a intranquilizarse, pues se percató que no tenían ropas para soportar los 3° de invierno y que la casa no estaba diseñada para tal temperatura.
-Tú sabías muy bien que todo tenía que estar listo para mañana y ahora no creo que en 6 horas puedas arreglar el mundo, decía su mujer mal humorada, debí encargarme yo misma. No sirves para nada.
Antonio no dijo nada. Se quedó pensando en la nueva solución. Y si le pido a Changó, dios del trueno, que me dé una casa con ropas. Pero esa idea la apartó, pues el día de Changó había pasado. No les quedaba más remedio que esperar el invierno con sábanas. Comenzó a tapar todos los huecos de la casa, a clausurar la ventana, y a calentar dos tanques de agua para que el vapor subiera.
Radio Reloj anunciaba un cambio brusco de temperatura, cosa inusual en Cuba. "Esta mañana, será las más fría de todos los años, jamás visto... el centro de meteorología anuncia 3° de temperatura en la isla... Radio Reloj, tac, tac, tac, tac, tac, 8:00 de la mañana..."
Todo cambió: el aire era cada vez más frío, el cielo cada vez más gris y la noción del tiempo ni hablar. Parecía que nada pasaba. La idea fija de ambos era cómo hacer para crear un incidente dentro de ese nuevo mundo oscuro y por supuesto qué acto elegir. Con los 3° de temperatura no se puede salir, no se puede jugar dominó en la esquina, no se puede estar en el brete y tenían que permanecer las 24 horas encerrados. Ya se les hacía difícil la vida al cotidiano.
Reinasofía fue la primera que empezó el escándalo, tirándose al piso y gritando que se iba a dar candela, pero su escándalo no tuvo repercusión. Entonces Antonio empezó a poner fuego a los muebles con agresividad, pero el humo los obligó a abrir la ventana y dejar pasar el frío. Reinasofía sugirió que sería mejor tirarse por la ventana, pero la idea la recogió enseguida, pues su cabeza no pasaba por la ventana. Y si salgo desnudo a la calle, dijo Antonio, pero también retiró la idea de la mente, pues sería un suicidio seguro con este frío.
Más tarde, se quedaron sentados en el piso, como anestesiados. Parecían muebles, parecían sombras. A partir de ese momento empezaron a aceptar la idea de que Adán y Eva eran personajes del paraíso y por supuesto el paraíso se encontraba en el trópico.

La anunciación

Posted: lunes, 26 de octubre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0

Los seres comunes (esos de los que mañana ya nadie recordará ni el nombre, ni la edad, ni las señas) representan la gran parte de cualquier sociedad. El caso de Arnulfo, es uno de ellos.
Una mañana, a las 9:24, se oyó en la sala de parto del Hospital “Juana de Oz” : “papá te quiero”. Fueron las primeras palabras que dijo Ernesto, al ver claramente las luces artificiales de la sala. Su padre, Arnulfo, estaba contento y cansado a la vez. Había pasado dos horas para dar a luz a aquella criatura. Solo le veía los ojos azules y la sonrisa de dientes blancos : ¡Igualito a su tatarabuelo, que en paz descanse! Dijo sin poder levantarse.
Ernesto bajó de la mesa y comenzó a dar pasos hacia el rostro de su padre. Era realmente asombroso como después de 9 meses uno ve crecer a su hijo en cuestión de segundos. A Ernesto se le notaba en la expresión la madurez del padre, la intelegencia del abuelo y la seguridad propia. Lo tocaba todo con las manos y reconocía los objetos en tres lenguas: español, francés e inglés.
Se detuvo un instante para asegurarse que sus ideas eran ciertas. Que su materialismo científico lo llevaría a la fama y que los problemas ecológicos sería mejor presentarlos en su próxima campaña presidencial. Avanzó para reconocer al fin a su padre, sacando del bolsillo izquierdo del traje hecho a la medida, una pluma francesa tallada en oro y una hoja para el testamento. Una sola firma y sería el abogado más feliz del mundo. Arnulfo se impacientaba. Quería ver por fin a su hijo. El cansancio, la vejez, la fiebre, su enfermedad contagiosa y el corazón le recordaban que ya no era el mismo que 10 segundos antes. Incluso estaba a punto de perder, por la enfermedad, el único ojo sano. Un segundo y por fin lo podría ver, pero dos golpes del corazón le negaron la alegría.
Ernesto se quedó con las ganas de tirarle a la cara el odio que sentía desde hacía 50 años. Con la pluma en la mano y el papel en el piso sintió las contracciones que desde 9 meses lo tenían preocupado. Y comenzó a dar a luz a su hijo. Eran las 9:25 de la mañana.

El país de las maravillas

Posted: domingo, 18 de octubre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0

En la Plaza de Marte apareció un cartel. El marido de Juanita la de la esquina se motivó a madrugar y acicalarse como para una fiesta. El cartel anunciaba buenos trabajos para los desempleados. Se solicitaban hombres entre 16 y 50 años para laborar en hoteles, en las cocinas, como chóferes, ect...
Caminando, se imaginaba al armario de la cocina con cantidad de latas de comida, listas para comer. Por supuesto no estaban vencidas. Bizcochos, bombones, leche condensada, "espán"... todo lo que le dejó de ser familiar. Las etiquetas, las marcas, los esloganes publicitarios. La idea tuvo la virtud de hacerlo sonreír. Dejó ver una impresionante fila de dientes, colmillos y molares blanquísimos que cuando llegó a la dirección indicada, un grupo nutrido de hombres se estremeció. Eran más de mil.
Se comentaba sobre las grandes ventajas de estos puestos ; si los enganchabas, entrabas en contacto directo con la comida en la cocina de un hotel. Trabajar como chofer de turismo era una fortuna asegurada.
Esos puestos no se encuentran si no es con un palancazo o pagando buen dinero. Encontrarlas gratis, ofrecidas mansamente por el estado, provocaba cierta extrañeza entre los hombres.
Cuando llegó la hora, con la puntualidad que rige el trabajo organizado, apareció una secretaria. Con voz dulce y ademanes profesionales pidió a todos, por favor, que le entregaran sus carnés de identidad para el control preliminar.
Se escabulló entre el tumulto desesperado por entregar sus documentos, y cuando al fin llegó a la secretaria, vio con asombro que una montaña de carnés lo sepultaba fuera de las mejores opciones. Pero no se desanimó.
Cuando los hombres habían entregado sus identificaciones, apareció de la nada el jefe del sector de la policía. Sacó de la montaña varios carnés de identidad de algunos de los 400 desempleados, volvió el rostro a la secretaria y le agradeció su cooperación por la tarea cumplida. Luego se dirigió a la concurrencia que miraba atónita el cambio de panorama:
-Tienen 48 horas para que busquen trabajo, o les voy a aplicar la ley de peligrosidad.
Antes de marcharse, boquiabierto y sudoroso, el marido de Juanita la de la esquina escuchó todavía al jefe de sector:
-Es la única forma de tenerlos a todos bajo control.

Historia de un sindicato

Posted: sábado, 17 de octubre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0



Calle Enramada las casas tienen dos pisos, nunca más e imposible menos. Todas las fachadas están pintadas con cal. Distintos colores resaltan a la vista mientras el sol te mata y pocos carros pasan. El marido de Juanita la de la esquina se detuvo frente a una vitrina vacía, la tienda es de dos pisos de mármol blanco, como los de la panadería del barrio. Al pasar la enorme puerta colonial se encontró en un espacio casi vacío. Era en realidad una enorme tienda que dejó su utilidad para transformarse en oficinas del estado. Monótonas, con sus decoraciones eternamente idénticas. El marido de Juanita estaba convencido de que la decoración no estaba echa para la diversión. Los pasillos estaban algo oscuros. Los mismos muebles anónimos, reducidos y estrictos: una silla, una mesa y un enorme armario al estilo Luis XV. Su decisión de recoger un cheque de mil pesos en el sindicato municipal estaba tomada. Entró en la primera oficina de las muchas, pero de ahí lo mandaron para la del frente, es decir la del barrio. De allí a otra para poner un cuño. Luego tuvo que esperar unas dos horas, porque llegó en el horario de descanso. Lo llamaron para otra oficina más amplia, pero con los mismos muebles. Luego esperó una firma de la secretaria, pero ésta no tenía lapicero y tuvo que esperar, tiempo suficiente para coger aire y leer los dos periódicos. Y así sucesivamente hasta que se fue la corriente y lo citaron para dentro de 15 días. El cheque le fue otorgado por su condición de destacado y solamente podía utilizarlo antes de 14 días.
Cansado de rebotar de aquí para allá y de allá para acá sin saber si en fin era o no era destacado, explotó su paciencia en un monólogo, merecedor del premio nacional de su sindicato;
“Ser o no ser: he aquí el problema ¿Qué es más desgraciado para el espíritu del trabajador: sufrir los golpes y la ineficacia insultante de un sindicato, o tomar las armas contra un rebaño de inútiles? ¡Sufrir… gemir… no más! Y pensar que por el sueño de hospedarme en el Hotel Santiago con un cheque de mil pesos, trabajé como un animal, hice guardia, marché, pagué mi cuota sindical y de milicias, además de acumular 200 horas de trabajo voluntario remendando un canapé para un círculo infantil ¿Qué quieren, que siga mirando estas paredes, estas cuatro paredes?”.

Al día siguiente le dieron sus mil pesos. Ser o no ser un trabajador destacado municipal: he ahí el problema.

La última cena

Posted: jueves, 1 de octubre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
4

Esto ocurrió en una época en que la necesidad nos había reunido en un espacio de seis metros cuadrados. Allí practicamente vivíamos. Sabíamos que no comeríamos esta noche tampoco. Pero el feliz recuerdo del enorme almuerzo del día anterior, impedía toda angustia intestinal. Teníamos que hacer un largo camino, pues de nuestro cuarto al Hotel Leningrado había unos 10 kilómetros. Pero confieso que los caminé alegremente. Aunque ya nada tenía del almuerzo, me llegaba a tirar los deliciosos eructos y pedos que cabe imaginar.
Cuando llegamos, -se me olvidó decir que estaba mi amigo conmigo- nos agachamos para entrar en medio de la oscuridad. Pensaba que estábamos solos, pero un ruido nos hizo retroceder rápido. Comencé a preocuparme, pues no podía identificar este ruido. Los cinco tubos de ventilación que se encontraban alineados estaban ocupados. Ya empezaban a abrir las llaves de los mismos, era la hora de la comida y empezaba a salir el ruidoso aire. No entendí muy bien en un principio, pero pronto escuchamos distintamente las expresiones: ¡Langostas con mayonesa! ¡arroz con camarones! ¡Platanitos fritos! al mismo tiempo que pude ver el abrir y cerrar de narices que aspiraban el olor que salía de aquellos tubos.
Por supuesto eran las narices de otros vecinos de la cuadra que ya estaban enterados. Todos estaban tendidos boca arriba en sus respectivos tubos, aspirando el delicioso olor de estos platos. Mis ojos ya acostumbrados a la oscuridad, podían ver claramente las caras de Juanita la de la esquina, su marido, el médico y su mujer.
Después de todo las cosas no iban mal pues, nos dimos cuenta de que habían abierto dos tubos más y corrimos para no perder el plato de turno .
Esta vez no escuché ningún ruido pero flotó en el aire anunciándolo. No pude contener la alegría : ¡pollo! ¡pollo! aquello fue nuestra última comida. Al otro día, el hotel cambiaba de patrón, se llamaría San Pedro, el dólar empezaba a circular y los huecos del sistema de ventilación sufrirían sus transformaciones. Cuba ya llevaba tres años de Período Especial.

Entre tú y yo

Posted: miércoles, 30 de septiembre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0





Llegué a conocer la vida de un hombre. Solo fue una casualidad de la vida, trabajando en la televisión pude filmar durante una semana la vida de ese hombre. Es otra persona. Elegante, glacial, discreto. Muchos amigos, poderosos amigos. Seguro. El mismo se siente seguro. Del lugar donde lo filmé hasta donde el lente lo alcanzó hay tantos metros. No se puede negar que antes un hombre así es preciso inclinarse. A las 11 de la mañana, el hombre sale de su casa. Yo lo sigo, con mi cámara. La seguridad me revisa y revisa el enorme carro. El sol se anuncia caliente. La ciudad caliente. La gente caliente. El hombre espléndido. El chofer maneja con cuidado, pero seguro. Pone tercera, después cuarta, dobla aquí, se mete allá. Se detiene. Al frente está la enorme oficina de reuniones. Son las 11 y media.
Antes los pasos del hombre, se detienen las malas noticias, los malos olores, la mala suerte. Saluda y sigue caminando. Saca un tabaco. Una mano lo enciende. Atravieza pasillos. Grandes pasillos. Enormes salas deja atrás. Al fin su enorme sala de 90 metros cuadrados. Espectacular. Se sienta, la puerta se cierra. Por fin me mira, bueno a la cámara. Se abre una ventana. Su mirada se pierde al exterior. Está lejos. Se percibe un lindo fondo, con un cielo azul. El horizonte del mar. Pequeñas embarcaciones. Mira su reloj. Es una enorme esfera dorada. Se levanta y avanza. El hombre atravieza los enormes pasillos. Deja atrás los amplios salones. Por fin la enorme puerta de salida. Entramos al carro. El sol se anunciaba caliente y es caliente. La ciudad caliente. La gente caliente. La vida espléndida. El chofer maneja con cuidado, pero seguro. Pone tercera, después cuarta, dobla aquí, se mete allá. Se detiene. Son las12 y media.Dentro de su palacio lo espera una hermosa bandeja con explosiones de Huevos, jamán, papitas, mariscos, vinos, jugos, frutas, quesos...
Al día siguiente, a las 11 de la mañana, el hombre sale de su casa. Yo lo sigo, con mi cámara. La seguridad me revisa y revisa el enorme carro. El sol se anuncia caliente. La ciudad caliente...

Lisandro's

Posted: lunes, 28 de septiembre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0



Lisandro es un amigo reconocido y estimado por los suyos y por los vecinos. Siempre con el celular al oído, viste ropa de marca. En el garaje tiene parqueado un moderno carro. Uno de sus placeres es fregarlo todas las tardes frente a la casa donde vive. Disfruta pasar la esponja mojada por el metal reluciente, pero lo que más placer le provoca es ver la cara de envidia de los vecinos mientras él acaricia su auto.
Es el mejor aministrador de la provincial, destacado en todas las labores productivas y sobre todo vanguardia national. Con sólo dar un vistazo a uno de sus entidades sabe cómo van las cosas, si el trabajo promete o no. Tiene un don natural para la contabilidad y para la organización de los recursos materiales y humanos. Durante su carrera universitaria no fue de los mejores estudiantes. Más bien fue un mediocre, pero siempre supo aprovechar las oportunidades, y sobre todo sobresalir en la carrera política, siempre presto a ser el más "combativo", uno de los primeros en los actos políticos, en las concentraciones de masas, en los mítines. Militante de la UJC, dirigente de la FEU, etc., etc.
Su toque magistral está en lograr que el almacén, fábrica o establecimiento, genere ganancias para la empresa estatal, pero sobre todo que genere ganancias para él y su equipo. Su éxito se basa en la burocracia, la inercia, el descontrol, la ignorancia de los cuadros técnicos y administrativos. El otro día, él llegó a una panadería donde el robo era el lema. Lo contrataron como jefe de producción, porque necesitaban a un tipo capaz que organice, que les permita ganancias lícitas. Inmediatamente detecta "disfuncionamientos". Esperó una semana y comenzó a denunciar los métodos utilizados. El miedo y el pánico se apoderaron de los administrativos. A las pocas semanas todo cambió. La panadería terminó convirtiéndose en el mejor establecimiento de Santiago. Ahora sobrecumple todas las metas, gana gallardetes de centro destacado.

El lema de Lisandro es "A Fidel lo de Fidel, y a Lisandro lo que es de Lisandro". Vivo bien, dentro de lo posible. Tú sabes que aquí son los maestros del mimetismo. Nunca falto a una asamblea ni a una marcha contra los mosquitos, ni a una tribuna abierta contra los fantasmas del norte. Y eso es verdad, en su cuadra, Lisandro es un compañero ejemplar, nunca falta a una guardia del CDR. Es el que más comida aporta para las fiestas del 28 de septiembre, día de los Comités de Defensa de la Revolución, muchas veces la bebida va por él. Eso sí, evita por todos los medios que la gente entre a su casa. "Por las miradas indiscretas, aquí uno no sabe quién es quién".

De la literatura a la moda

Posted: jueves, 24 de septiembre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0


Conseguir un determinado libro en Cuba no es tarea fácil si no se conoce a una persona que se dedica a vender libros. Ellos se nombran libreros ambulantes. Son los que recorren librerías estatales, portales y plazas públicas donde se venden libros viejos y hasta las casas donde las familias ya no desean seguir limpiándose con la biblioteca. En ocasiones, la búsqueda de un libro puede tomar días, semanas y hasta meses. O, sencillamente, el libro no aparece, y el librero se lo comunica al cliente.
Conozco, al mejor librero ambulante de Santiago. No hay obra editada en Cuba en cualquier época que mi amigo no haya tenido entre las manos. Como conoce el valor de cada una, fija el precio del libro, teniendo en cuenta también el interés y la premura de su cliente. Mi amigo es muy querido por escritores, artistas, y los lectores en general. Hace unos días, cuando lo visité en su casa, me puso al tanto de lo que ocurre con la venta de libros, tanto a los extranjeros como a la población. Por ejemplo, los jóvenes solicitan autores que se han marchado del país, como Manuel Moreno Fraginals, Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Manuel Díaz Martínez, Jesús Díaz y muchos otros. Los extranjeros que buscan libros que se han agotado en las librerías del Estado, y que a juicio suyo es la minoría, prefieren libros de Che Guevara. - ¿Y los libros de nuestro hermano, José Martí? Para vergüenza nuestra, apenas buscan libros de José Martí. Como si nuestro padre, hermano, no hubiera existido. Me intereso por lo que la población compra. - Libros con temas de auto-ayuda, de consejos: Cómo ser feliz, Cómo ganar dinero, la homoxesualidad. Libros de meditación, de yoga, esotéricos, de religiones afrocubanas. -¿Y los que no se venden? - Los libros de marxismo. Los libreros no los compran porque no se venden. Mucho menos aquellos famosos, de Economía-política, Filosofía marxista-leninista, que llegaban de la KDMOPE ( Unión Soviética). - Pero en general -me aclara- la venta está floja. No hay dinero en la calle, y el que hay la gente lo usa para comprar comida, un celular o un DVD, está de moda.

Tiempo al tiempo

Posted: martes, 8 de septiembre de 2009 by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0


Vi con asombro las guaguas Chinas que según mi abuela, hace más de dos años la población venía esperando con interés y curiosidad.
Al montarme pude constatar que estructuralmente son sobrias y espaciosas. Los materiales son de plástico duro y resistente. Una abundante y adecuada disposición de ventanillas favorece la ventilación. Los asientos cómodos y rellenos, están adecuados al maltrato que suelen darles los cubanos. Según los choferes con los que he hablado, las características técnicas son muy buenas. En fin, la valoración que se hace de ellos es que son fuertes, modernos, cómodos y resistentes. Nadie mejor que los chinos para saber que el transporte público de un país como Cuba tiene que estar desprovisto de adornos. Hecho a prueba de guerras, maltratos e indolencias propios de la conducta humana cuando trasiega con lo que por ser de todos no es de nadie. Mi abuela que tiene un sentido realista, y que se basa en la experiencia de casi medio siglo pronostica que con el maltrato de los salvajes, el mal estado de las calles y el exceso de pasajes, dentro de poco las guaguas estarán hechas un desastre. Esto es lo que comentan ella y otros, porque es lo que han visto siempre. Pero como ninguna realidad humana obedece a leyes rígidas e inexorables, puede que con el cambio de las cosas cambie la gente y duren más estas guaguas. ¿Por qué no?

Viazul

Posted: by yannier RAMIREZ BOZA in Etiquetas:
0


El acceso a la cultura cubana se logra desde cualquier sector. Nadie se queda fuera del atracón de arte y literatura ofrecidos como un tentempié espiritual para un pueblo convertido metafóricamente en el más culto del universo.
En Cuba lo mismo se matan cerdos en un combinado porcino con poemas, que se despide un muerto hacia la paz del sepulcro a ritmo de reguetón. Lo importante es la pachanga cultural.
La canción como “Padrino, quítame la sal d' encima”, que ha traspasado los escenarios de la cuartería, se instala ahora entre las opciones culturales de los ómnibus Yutong(VIAZUL).


Luego de las emocionantes peripecias para adquirir el boleto que incluyen altercados, chismes, estafas, sobornos y otros actos afines, sólo te resta ir el día señalado a la terminal.
Ya dentro, si no eres obeso ni tienes las canillas largas, ocuparás un asiento, rogándole a Dios que el viajero de adelante no le dé por reclinar el suyo, pues puede que te aplaste o te impida levantarte a orinar, si el baño funciona. Vencido ese trámite, escucharás las amables palabras del jefe de la tripulación.
“Estimados pasajeros, gracias por elegir la opción del Grupo Empresarial VIAZUL para viajar. Junto con la bienvenida, les advierto que no se puede comer sorbeto, pan con pasta, congrí ni yuca con mojo en el interior del ómnibus, pues las cortinas se mandaron a lavar. Además –continúa-, la temperatura del aire acondicionado no se puede subir sin que se empañe el parabrisas, así que prepárense a pasar frío si no trajeron colchas, sobretodos, medias de futbolista u otras prendas para abrigarse. Queda terminantemente prohibido encender hogueras en el pasillo. Pero lo más importante: el programa cultural es variado y de primera calidad. Contamos con un MP 3 de Marco Antonio Solís y un DVD del grupo Cola Loca. Ah, y los amplificadores son de última generación. Prepárense a gozar durante las 14 horas de viaje. Muchas gracias”
Y es ahí donde usted, aunque lo consideren picúo, demodé, o fuera de onda, quisiera alejarse del ómnibus a la distancia de un Pablo Neruda cuando escribió en una situación desesperada:
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo, la noche está estrellada y tiritan, azules, los ASTROS a lo lejos. ¡Solavaya!

LinkWithin